1- Cada fin de año se hace habitual revisar que pasó a lo largo del año que está acabando. E inevitablemente algunas de las cosas sucedidas no son tan bonitas. Pienso en María y José otra vez y como les tocó no tener ningún lujo. Más bien incomodidades y como el niño Dios, Dios mismo aún bebé, le tocó tener menos que a todos los demás de su época. Aún siendo el hijo del Rey de Reyes.
2- Piensa conmigo: estar vivos, acompañados, tener quien nos quiera, es más que lo que le tocó a esta familia que tuvo su primer hijo en un pueblo lejano, solos. No hubo amigos felicitándolos. Pero la elección fue ser felices con lo que sí tenían. Y nos enseñan que con lo mucho y con lo poco, la felicidad es una elección. Cuando agradeces por lo que sí tienes, Dios renace con esperanzas vivas y nuevas. ¿Qué te gustaría que no tienes? ¿Qué deseas que aún no llega? Empieza por hacer diario el agradecimiento por lo que sí tienes. Material o no.
3- Ora con tus niños, encuentra muchos motivos para agradecer. Haz el ejercicio de sentirte dichoso con los logros, con lo material y con lo que tienes gracias a tener la vida. Hay mucho que agradecer. Hay mucho que tienes para ser feliz. Toma consciencia.
4– Memoriza: Den gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. 1 Tesalonicenses 5:18
5- Ayuda a otros a hacer el ejercicio de ver razones para agradecer y ¡compártelas! Es lindo contagiar y ayudar a otros.

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